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por Kim Bertran Canut Última modificación 28/11/2013 19:58

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Pastís de bohemia

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 28/11/2013 20:14
Desde la onírica posada “la lenta agonía del poeta en el infierno etílico”. Tiranión,

El náufrago, ve como se aleja la ola que le trajo el equipaje hasta su playa existencial. Cruza los dedos y se retuerce de dolor,-permítame que le aconseje la costa,-había prescrito el doctor José Curado de Raíz, orientando posibles dudas a su paciente. Las palabras del especialista fueron directas y precisas, tal como él exigía: Una enfermedad pulmonar le minaba la vida por el corto atajo de unos meses. Y he aquí un billete de tren, la estación y el hombre en el último y silencioso andén que el destino le deparaba. Jeremías es un visionario que ha llegado a Barcelona para estudiar la cultura milenaria de la ciudad, sonríe…

Saturio, taciturno y abotargado, disfrutaba de aquellas montañas rocosas donde antaño habitaron los guanches en el interior de las cuevas todavía con espíritus de los primitivos isleños. Por el día, Desiderio paseaba acariciando las aguas de su retiro voluntario, las noches rezaban perfiles agrestes de conciertos, convirtiéndole en estilita espera de muerte en la roca litúrgica de queja y súplica, composición para solo de violonchelo. En las orillas se levantaba el pueblo de calles arenosas, bares de absenta y mezcal, huellas de eternidades y pasos de carruajes. Sal en la piel esmaltín del verde mediterráneo. Ubaldo sortea la brisa, esmerado en conocer el dobladillo anímico del azar de los moradores que poblaban tristezas, pescado y enajenadas formas grotescas de arte, compaginado con entusiasmo visceral de inteligente aprendizaje. Ah…cuántos ratos en la ermita sin santos, sin iconos…le bastaba la frescura de la sombra sobre la losa de pizarra. El cielo pintado con óleos y pasteles de gamas y tonalidades suaves del color que imaginaba sería la paz de una prisión alada, el beso tangible de la libertad. Y Ponciano se sienta para escribir esta historia, se encuentra preparado pese al pánico y la angustia del primer impacto, cuando de súbito se alteró y desesperó. No sabe si el tiempo ha desaparecido. Suenan campanas en tierra muerta, y Demesio aletargado en apacible ensoñación…qué más da si los mares de nubes son reales, si él u otros están en este rincón o quizá los siglos permanecen en calma, dormidos…en el quieto espacio de la fábula y el mito.

Releyendo el libro misterioso de invierno, mira el reloj de su abuelo que cuelga del bolsillo del chaleco de tergal, una fotografía de un adiós se refleja en la tapa con el movimiento de las manillas, tic, tac, tic, tac… ¡Clic!...se guarda la parada nostalgia en el sombrero de fieltro y una lágrima de cuarteto lírico en el pañuelo, mientras recogen flores las dos muchachas, niñeras de su infancia ensortijada en pamelas de paja, dulce brebaje, embriagador masaje.

Aitor sube los peldaños del cansancio, mojado de lluvias resguardadas en el cobertizo de los recuerdos y tras deleitarse del “Bodegón del zapato viejo” de Joan Miró, se acuesta en la cama de la austera habitación con un solo armario y una pequeña mesa coja, un tapete quemado por un cigarrillo y una lamparilla siempre fundida.

Cierra los ojos, entona una plegaria india que habla del magno vacío y emprende un nublado viaje con su mágico amigo el genio conciliador y emotivo que le susurra al oído reposo, reposo …

Despertado por una música arrebatadora, se apresura a descubrir el motivo del festejo. Baja de tres en tres los escalones que le separan del café-teatro. Encima de la mesita de mármol, un periódico con las páginas desplegadas, junto a la taza humeante de aromáticas hiervas. Cinco balas y un cuarto de luna sobre el barniz del piano. Hoy la tertulia de “Catarsis” se halla amenizada por Adelis y Adis, unas chicas cubanas de grácil figura que bailan un son y una guaracha al compás de guitarra, palmas, congas y timbales. En la esquina, un boceto de Picasso, un cartel circense de Tolouse-Lautrec y una inmejorable imitación de Juan Gris en la pared. Aplausos y un cíngaro italiano da las gracias apoyado en un bastón recogiendo las monedas echadas en la chistera de la ilusión. “Quatre Gats” conversan sentados frente a sus vasos de inspirado alimento, hablan sobre el decaimiento del modernismo y del parecido del paseo de gracia barcelonés con los bulevares parisinos.

Reconoce a los contertulios porque todos son los mismos, no hay nadie, sólo él y él no está allí. Date cuenta de que has estado leyendo una hoja en blanco.

 Kim Bertran Canut
Marzo 2001

Ojotriste

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 28/11/2013 20:22
Lluvia que abates incierta desde paisaje imperecedero ... desconocido por tantos. Te miro con asombro, originas conmoción de libertad, de huida ... de vagar sin equipaje. En tu gemido no concurren los ingredientes prosaicos de este universo áspero. No pienso más que en la colindante distancia ansiada por mi alma, tú te unes a la perspectiva y advierto que cada instante me voy arrimando más a ti.
En la urbe me gusta contemplarte mientras la pobre lumbre se resguarda con vampiros de tela ... el suelo queda brillante y vaporoso por el respirar y los tubos de escape de los vehículos. Los neones te reflejan, los fanales te manifiestan y la oscuridad de las sombras de la mañana te delata. Eres solitaria en el camino ... seré tu compañero, gritas que me aleje contigo, que examine anónimos rumbos ... que me disipe para toparme, favoreces la inspiración ... creativa, eres morriña, remembranza de tantos días y tantas noches transitadas, confidente y apegada ... te recreo tras los cristales de la guagua, llorando sentada en un tronco arcaico ... no consigo relegar los pasos venideros, la música campesina, tu olor, das la vida por la Natura ... veo crecer a mi hija en el jardín como un arbolito más, ojotriste, ojomelancólico chapoteas los charcos en el barrio, en las aldeas, las montañas, las calles estrechitas y las grandes avenidas, los bancos de piedras preciosas de la aurora y los guijarros del ocaso ... aterrizas en los cielos y en las tumbas veneradas con flores plastificadas ... siempre te conmemoraré allá en lo alto del campanario, junto al heno de los pajares, la veleta y el reloj inmóvil de la torre.

Kim Bertran Canut

Noviembre de 2002

Luciérnaga

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 28/11/2013 20:35
Ella es una bolita de cristal, envuelta en celofán, tierna como la infancia, con la ilusión de la inocencia. Es el color, el perfume de amor. Es traviesa, es un bicho, es hermosa, mi diosa. Ella es dulce de caramelo, es la ola que pasea por la orilla, un bello crepúsculo, la aurora y el rocío. Si está triste, me abraza, cuando está alegre me atrapa, siento que me necesita y yo a ella.
Al despertar es un torbellino agradable, incapaz de aquietar, tiene tanta vida.

Juguetona igual que un gatito, es mi amuleto. Le pregunto cuanto me quiere y estira sus bracitos rodeando su cuerpo de cometa, siempre vuela a mi lado, su risa es mi brisa, su llanto, me duele tanto. Jazz es su perrita, su fiesta, su jardín, la aventura, su amiga, corren inseparables entre flores silvestres, es la natura, su frescura me da lo mas parecido a la felicidad. Anaïs es mi brote, mi raíz, su piel es suave, transparente de terciopelo, rubio el cabello, ella es mi luz, mi utopía, la llevo de noche y de día. Duerme con las manitas bajo el hoyuelo de su mejilla sonrosada, sólo con mirarla respiro contento, porque resplandeciente, imagino su sueño mágico de peluche y la calma que me ofrece su sosiego. A veces me pide que le explique un cuento, me encanta tumbarme en su rincón con su duendecillo, al calor de su cariño, es la terapia que empequeñece mi angustia, mi sufrimiento. Comienzo el relato interrumpido a menudo por una pregunta, o por que dice que no es así, entonces ella me lo cuenta con inventiva y a mí me entra el sopor de la paz, esa noche reposo con mi estrella, admirando apacible, contagioso, sus labios, su seda, mi mariposa.

Inteligente, sus ojitos grandes son curiosos y su imaginación desbordante, sensible remolino, llena de energía, de impaciencia, de búsqueda. Empieza a escribir su nombre; pinta y dibuja con colores de fábula. ¡Papi, mira!,me dice orgullosa mientras me enseña su trabajo para que la felicite, es mi niña inquieta y si le preguntas la edad, te la dice, al tiempo que abre los deditos de su mano. Ella es una caricia, mujercita de pastel de fresa, de limón ... ángel maravilloso danzando entre nubes de algodón de azúcar, ella es mi hija, mi adorada razón y el brillo de la luciérnaga en la enmascarada oscuridad del camino.
 
Kim Bertran Canut

23 Mayo 1997 -
cumpleaños ...

Las llaves del iluso

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 28/11/2013 20:47
En esas horas de la madrugada en que todo duerme salvo el silencio.

Las estrellas comienzan el sueño y el astro rey limpia sus telarañas de fuego. Manolo con su manojo de llaves camina por calles desiertas, respira el fresco aroma mientras bosteza, se siente cansado. Ha terminado su noche y toma el primer tren, casi vacío, que le lleva cerca de casa, donde nadie le espera.

Mientras sube la cuesta enfangada de lluvias de ayeres, sorteando los charcos de aguas turbias, donde las gentes se lavan en las mañanas de restricción, cada vez más frecuentes.
Manolo va pensando en las miserias. Vive en la periferia de la gran ciudad, donde no se alzan edificios ni comercios, ni una maldita fuente, sólo campos vertederos de basura y desguaces de chapas. Las familias gitanas apagan sus fuegos, las guitarras y gargantas ahogan los últimos lamentos entre tragos de vino.

Manolo siente la pasión del flamenco como un canto espiritual, tan ancestral como el de los negros allá en los campos de algodón de Nueva Orleáns y se imagina el río casi seco de las cloacas que pasa junto a las barracas, chozas y chabolas herrumbrosas, igual que el Mississippi, puede ver los barcos de aspas que arremolinan las aguas. ¡Qué pobre es aquello!, incluso su pensamiento es sólo fruto del libro de Mark Twain que leyó siendo un chaval y tenía la ilusión de viajar, porque el mundo se le representaba grande y estaba abierto para él. Pero seguramente fue el mismo destino quien no le permitió más que vagar por las callejuelas sudorosas de una única y cruel ciudad, condenado al olor del metal de las cerraduras y las llaves que cuelgan de su cinto, ironía también, pues su humilde morada no la cierra una puerta, sino una inmensa bandera vieja de cuando aún creía en la tierra y sus dirigentes. Cuando haga frío ha jurado quemarla con su rencor interno y echar a andar sin detenerse ya jamás. Quizá el destino le haya perdonado. Ha pagado un alto precio confiando y quien nada tiene, nada pierde.

Kim Bertran Canut

Octubre de 1996

Las llaves del iluso

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 28/11/2013 20:50
Bueno Kim. Lo dejo por hoy -este no lo he leído- que ya es buena hora, mañana sigo. Te diré que: me anima a seguir leyendo. Espero que eso te resuma y te explique claramente cual es mi opinión sobre tus relatos.

Historia de otro camino

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 17:51
Hace muchos siglos que este viaje fue engendrado. Concebido por una desazón interior que mi memoria había procurado retener como uno más de esos filamentos venéreos que guardamos inanimados en la zona de la tripa del subconsciente. En aquel momento lo presentía demasiado fantasioso, pero, ¿sabes?... no duelen los imposibles cuando los llevas a término y las ciudades con sus muros infranqueables, sus asustadas paredes olvidadas de metralla, los niños derritiéndose sobre el ardiente asfalto de calles barnizadas de alquitrán y jardines inyectados de hipodérmicos venenos... aún soplan cuatro gotas de viento del aguacero de anoche... Te digo que es delirante comprobar que la nada te afecta. Para qué esperar más medias horas, sin llaves, en el descansillo del portal ausente, mientras otra lágrima entrelazada salpica los adentros, cristalizándose misteriosamente... aislamiento. He conocido supuestamente la amalgama del precio por morar en la tierra de un "creador vengativo y sin escrúpulos"... indefinido entre paréntesis. (Vegetar y morir!, (no!, no, amigo acomodado y conformista, prefiero como decía Zapata (y se atribuye al "Che") morir de pie que vivir arrodillado. No hay nada más contundente que el filo de una navaja amolada en arenisca pupila, para autoconvencerte.

Estoy aquí, año 2001, recuperando la noción del tiempo... o alejándome. De nuevo en la carretera ¿te extraña, verdad?, claro, ni yo mismo puedo creerme con tantos miedos instituidos por nuestra hipócrita, patética y decadente sociedad. En pleno auge de progreso evolutivo y avance tecnológico -nada más incierto en cuanto a valores humanos-, voy recorriendo campos y poblados en vagones desiertos de ansiedad, otra vez la imperiosa necesidad de conocer gentes... una débil lucidez... ilusión, va recobrando entonación. Vivir el camino, dormir en el arroyo y despertar en coagulados amaneceres rociados de laureadas auroras y marcados horizontes lineales... esperanza.

En bus o a dedo, da igual, las prisas se han detenido. Te escribo desde un anguloso paraje con el sol a punto de largarse por las montañas, dejando luminosidades colgando de los árboles. Sentado en cristal de roca, bajo una cornisa de nidos, abandonada con la inmensidad por delante... a los cuatro vientos... releo una página de Cumbres borrascosas mientras Melville es tragado por una ballena blanca.

Recuerdo amigo mío, aquella distancia que transitamos hace ya más de veinte edades... (fiiiuuu!, se dice pronto )eh?, probablemente acariciados por los sueños de fragancias exóticas de sándalos, inciensos y aromas descuartizados de Oriente... aflora la nostalgia... añejas vías muertas de mañanas tempranas. Contemplaciones junto a fuegos... persiguiendo constelaciones, deseosos de evadir los egos siniestros, refrescando cansancios de días de cortas palabras... demasiadas guerras y ninguna paz. Rememoro las estaciones donde dormíamos y (cómo no!, la literatura tan absorbente, libros que ilustraron nuestra andadura. citaría tantos títulos como piedras tirábamos a las botellas, ejercitando el hastío del calor de los tramos desérticos. Sí, dejamos atrás los convencionalismos y el ritual socioacadémico, huyendo de un obligado bautizo en el submundo. Hoy camino desnudo, el alma sensibilizada con mi pensamiento. Tengo un compañero que duerme en la sombra de mi pierna, es un perro callejero, sin raza, igual que yo ahora... sonrío con sarcasmo. He dado pasos de gigante sin dulcineas, después de tomar un combinado de psicóticos y pensar que cualquier idiota podría representar el papel de secundario en este anuncio de cereales que presiento forma la existencia. Me masturbé imaginando el crack bursátil y sus cotizaciones y eyaculé los futuros en las bocas andróginas, áridas de conocimiento, ordenadores por cabeza... engañados por los de siempre. Entendí que para un agnóstico hay creencias tan absurdas como enigmáticas. Marché harto de químicas y cómputos de cifras ilimitadas. (La naturaleza sigue aquí!, soy un tronco, una rama, una hierba... integración camaleonica. Sin puntos y aparte, si me fuera posible describir, pintarrajear con sensaciones la arácnida piel tejida de firmamentos licuados de este paisaje carmesí y los coléricos contrastes de las elevadas cimas que atrapan este pueblecito donde me encuentro, no hay más de quince almas, etéreas hospitalidades que me dan comida y techo en el derruido pajar de abundante trigo, entre los residuos de verdades increíbles.

Intentando dar un significado a la espiral del op art (arte óptico y abstractista), me pregunto si ha nacido el arte, tal vez Marcel Duchamp o Rrose Sélavy (su alter ego femenino, traducido, la vida es Eros) tras pincelar todos los movimientos de la época y crear el arte "ya hecho" o "disponible" (Ready-mades) y definiéndose como "pobre artista", se decidiera por el ajedrez porque obtuvo respuesta o por su condición de inquieto innovador individualista... no más pues, así se queda.

Cada mañana del mismo ayer, salgo con la noche entre las manos al encuentro de reflejos ahogados en mi río solitario... en lo más tremendista de la meditación... opaca intensidad del ser desgranado.

Tropiezo en la ruta con las fotografías del holandés Ed Van Der Elsken, con sus rostros masacrados, acordeonistas ciegos, charlo con los vagabundos que duermen tendidos en los suelos junto a la "seine grise" y me he introducido en los ambientes jazzísticos de la generación apaleada que no llegué a vivir. Ed fue divulgador de un tiempo en blanco y negro exteriorizando el interior de la humanidad que se vislumbra en movimiento, fuerza y obsesión por conseguirlo. Desgarrada y arrebatadoramente lo logra con la fascinación por la vida y sus moradores... cosmología gozosa, camino astral...

He conocido a un joven sacerdote que colgó los hábitos... "la verdad es, lo que es" -San Agustín-. El camino es una sabia escuela y el banquero que vive en una casa rodante me cuenta la misantropía de Luis II de Babiera, llamado el rey loco por ser asocial y ahogar entre sus extravagancias a su psiquiatra... quién somos para juzgar, quizá le estuviera haciendo chantaje emocional o le pidiera un favor, por aquella época no sé como tenían lo de la eutanasia... en fin, no quiero disgustar a los que creen que sufrir es un bien divino... escepticismo )no?

El otro día compartí alimento con niños jornaleros y madres prostitutas adolescentes, reinas africanas, muñecas clonadas con la mirada perdida y respuestas autómatas. No pude dejar de acordarme de las trescientas instantáneas de los éxodos de Salgado, con el magistral propósito de concienciar a los más favorecidos y afortunados en el semillero del azar con un producto que da fe, desnudando el aura de la supervivencia, denunciando un mundo mal construido, encarnizado y corrupto, enmarcándonos con los horrores de otras vidas que deben huir para sobrevivir. Son los sin tierra, los emigrantes ilegales, los desplazados. Salgado se pone en peligro para enseñarnos los campos de refugiados, los niños tristes que han perdido el núcleo de la familia. Agonías y dramas de las razas del Tercer Mundo... ver para creer.

Esopo, un tratante de arte, me habló del dadaísmo y el surrealismo de Max Ernst, de las confesiones de un rebelde de Sergej Aleksandrovic Esenin, me enseñó láminas de la etapa más espiritual de Kandinsky y de los exponentes del pop art (arte popular), Warhol y Lichtenstein.

Buhoviejo se hallaba sentado en su silla de cáñamo encontrada en el contenedor de la vida. Había saltado de muchos trenes en marcha, conducía un carro con cartones, mantas agujereadas y sueños desvanecidos bajo un cielo prieto de circunstancias adversas. Apretujando su cabellera gris, una gorra de cazador ecologista calada sobre la cara surcada de grietas como barro en el lago seco. Curtido por el aire, el sol, el frío... y el rencor. Me ofreció cinco días de senderismo y un par de botas untadas de lodo del sur. Contaba que huía de las crueles ciudades con brutales terrados infestados de parabólicas y antenas-cruces gamadas que interferían en las ignorancias receptoras de ondas expansivas, atrayendo información negativa de poderosas sectas destructivas hacia una posible diversidad mundializada y enriquecedora cultura mestizada... intercambio de energías. Dardo certero.

Andrómeda, era una gitana de Baracaldo poseedora de una potente voz rota. Viajaba uniéndose a bandas y orquestas haciendo bolos, imitaba asombrosamente bien a Aretha Franklin y Janis Joplin entre otras, pero nunca duró mucho tiempo en un grupo, quería volar como un espíritu libre y así andaba haciendo "botellas". Amigo, te diré que respiro mejor, fuera las obsesiones, que si la bolsa baja, la empresa quiebra... trabajo precario. La gente en la carretera es nómada, si no se llega a conocer demasiado, siempre queda el lado autentico del principio. El buscatesoros me dice: tienes que ahorrar para el futuro. Yo le respondo: toma... quédate tú el dinero y el futuro y dame a mí la libertad... sólo eso. Me levanté con la picadura del insecto. Mi pequeño compañero de cuatro patas me mira, creo que llora bajo la oscura brillantez del reflejo lunar. Gira la tierra y es difícil no caer en los abismos más primitivos. Sobre un fondo fauvista, Zappa y Stravinski dirigen una orquesta de erupciones volcánicas para desahogo de un agreste y salvaje valle de pasiones. Hablo con mi fiel compañero sin haberle puesto nombre, él no está marcado por los designios de otras mentes que gobiernan las nuestras... somos soldados de alguna mente extraña... o conocida por todos los temores de la sumisión. Huelo la fresca lluvia, la tierra mojada, los truenos, los relámpagos, aquel nubarrón que apunta con su cañón y dispara a bocajarro... esto es dios, joder sí.

Con mi sombrero de paja, mi bastón de avellano y mis sandalias remendadas de esparto y cáñamo, hallaré un pequeño indicio de razón, será suficiente para creer en la lógica de la locura, )con cuantas piedras se construyó este mundo? Espero no llegar pronto y aprender de los grifos, cíclopes o centauros... sigue, sigue amasando el pan y ofréceme de comer buen samaritano, pues he estado catorce horas recogiendo tu fruta... la historia de la existencia está emparentada a los grilletes enlazados de la esclavitud.

Las generaciones son como los autobuses que pasan, en cada parada baja una década insatisfecha. Bueno, voy escribiendo mi novela con las mismas palabras inventadas ya... no sé, quizá la destruya antes de que la leas para no inmiscuirme en tus telares cerebrales y perderte como amigo. Esto queda así. Da recuerdos y envíame señales de que siguen llegando olas a la playa.

Que esta perra vida sólo me ha enseñado a ladrar... y a esconder el rabo...

Kim Bertran Canut

OCTUBRE DE 2001

Historia de otro camino

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 17:51
Pues va a ser que si. Que si que siguen (los de uno y otro carril). Por mi no te cortes con la novela y tampoco te lastimes con ninguna otra cosa. Yo he aprendido (a cualquier cosa le llaman aprender) que entre toda la infinidad de humanos que pasan por esta vida, incluidos los mas excepcionales; ni uno solo, nadie se libra del dolor. Que sea leve al menos.
A TU SALUD.

Bala Tatuada

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 18:19
Aletea, pequeña isla entre nubes anclada, rodeada de infinito y agua salada.
A la madrugada, Justiniano el pescador se levanta del lecho. Da un beso a Consolación, la esposa que aún duerme. A la mujer del sueño le robó su noche.
Bostezando, aparta la cortinilla del rústico pórtico de la ventana. Lleva sesenta años haciendo el mismo gesto para divisar allá a lo lejos, en las rocas, el “faro de los santos”. Temeroso de que un día no esté. Ya se lo dice Consuelo: no seas tonto,”Justi”, ¿quién se lo va a llevar? Y es verdad, él lo sabe... pero sigue vigilando por si acaso y así se queda más tranquilo, ¿no? después pasa revista a la habitación de las niñas, ¡ja, las niñas! Soledad y Rocío vivían en la ciudad lo menos hacía veinte años. ¡Qué pocas cartas llegaban del sur! Tritón viene meneando el rabo ...
 _ qué viejo estás amigo, cómo pasa el tiempo. Recuerdo cuando eras un cachorro y ahora ya babeas y ni siquiera me oyes... y desde luego, nada de acompañarme a pescar, ¡qué lástima Tritón!-,le acaricia el pelaje rojizo.

Recoge los aparejos de pesca, la red y el arpón. Entorna despacito la puerta y se acerca ansioso a las orillas decoradas de conchas, corales y piedras pinceladas que brillan a la media Luna. Se coloca el chubasquero y las impermeables Katiuscas.
Allí nace el silencio, un brote de lluvias de ecos vacíos con la huella del pájaro de alado espíritu. Justiniano muestra en el brazo una bala tatuada de una guerra de antaño, en la que perdió mucho. Desata a Andrómeda, la barca que le mece y se echa a la mar, escuchando la suave ola, el olor a brisa y observa lo que queda atrás, los tejados de pizarra de las casas de piedra que construyera su bisabuelo. El silencio...
Lanza una piedra y cuenta los saltos. Hoy quiere amanecer lo más próximo al horizonte porque le han dicho en el mercadillo que existe un enorme banco de peces allí donde nadie ha llegado. Quizá sea una búsqueda inútil, pero él es terco, izará las velas si hace falta alejándose de la costa, guiado por el “faro de los Santos”. Espolvorea semillas de ilusión en la arena escamosa para que crezcan raíces en el cielo.

Kim Bertran Canut

 Octubre 2000

Bala Tatuada

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 18:20
Edgar llegaba y Justiniano partía. Por los mismos raíles de agua. Tus relatos como ramas también viajan. En la misma dirección.

Viajero Sedentario

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 18:35
Desde la ventana de la habitación, sus ojos acuosos se posaban con cariño y nostalgia sobre aquellos viejos y poderosos raíles de metal, vías muertas que como raíces profundas, siempre habían estado allí, partícipes del paisaje. Edgar el pensador, observaba como paralelamente se alejaban, perdiéndose en otros confines de mundos imaginarios y venerados, demasiado distantes, sentíase unido al añorante vacío, en un estado comatoso pero sosegado y sereno. Para Edgar el ferroviario, la estación del ferrocarril había sido su cuna y sería algún día, sin duda su sepultura.
La ciudad quedaba lejos, Edgar el solitario lo prefería así. La anciana y olvidada estación creaba un oasis en medio del desierto, la gran fotografía de toda su existencia, el mapa de sus vivencias. El caserón era espacioso, dos plantas se alzaban en la plenitud de la nada. Arriba estaba su cuarto, Edgar el hacendoso mimaba los objetos como si de porcelana se tratara, limpiaba todos los días cada rincón del silencio y pasaba el trapo del polvo a la monotonía con cara risueña, los tres restantes habitáculos tenían algo en común, techos, paredes, suelos, muebles, se hallaban repletos de recuerdos de otras ciudades, de otros países, de modo que al atravesar los aposentos, uno se encontraba inmerso en distintas civilizaciones.
Amuletos, iconos, figuras talladas, cuadros, candelabros, pipas de agua, toda clase de enseres de arte hechos de arcilla, de madera, bronce, plata, reliquias que antiguos viajeros de paso, o incluso moradores ocasionales le habían ofrecido con gratitud, pues esas tierras eran talismán de inspiración, muy apreciadas por pintores, poetas y toda raza de artistas.

En el bajo estaba la fría sala de espera con las colillas en el suelo y sus graffitis en las paredes, en el lavabo y en los bancos de madera color carcoma. Desde los cristales se divisaba la clara llanura, el viento golpeaba con fuerza para despertar la dormida imaginación de un sueño que pertenecía al tiempo de los recuerdos. En ese ayer Edgar el solidario, abría las puertas dando cobijo y alimento a quien quisiera pasar allí una temporada, así Edgar el civilizado conoció todos los tiempos, la historia, las guerras, el sexo, el amor, aprendió a tocar varios instrumentos como el piano, las congas, los bongoes, la guitarra, el saxo, le inculcaron diferentes religiones, estudió la contemplación y la relajación mediante el tai-chí, el yoga, fue ovo-lácteo-vegetariano y profundizó en la cultura oriental, buscó la riqueza espiritual, practicaba idiomas y leyó infinidad de libros y escribió el suyo propio, al terminar la última página, Edgar el sabio puso fin a su vida con una sobredosis de conocimiento.
Las arenas del desierto se arremolinaron creando dunas que enterraron aquel andén perdido, sus vías, la casa y a Edgar el viajero sedentario.

Kim Bertran Canut

Junio de 1997

Viajero Sedentario

Enviado por Juan Gómez (Txonta) en 29/11/2013 18:36
Saludos Kim. Se agradece que pases por aquí tu, tan prolífico como Edgar polifacético e interesante. Aquí tienes tu espacio, nos iremos conociendo; si lo deseas.
Que aproveche.
Juan